13 de julio de 2009

Ni en el arder del cigarro


Lo apagué cuando dió amarillo. El fuego me lo dió un cartero.

Ciudad entre cerros. Y yo echando humo. Alguien los compraba en el quiosco, a otro lo vi botar una encendida bocanada, ella lo apagaba con la punta del tacón al entrar a la tienda, y uno que otro - de siempre menor suerte - recogía lo que aún se podía rescatar. El ciclo se cumplía sagradamente en cada esquina. Yo cumplía mi cuota, siguiéndome el ritmo.

De las vitrinas concluí; las de milhojas y las de selva negra anunciaban que ahora son menos los cumpleaños por ver. Hoy no compro tortas. Será otra persona quien sostendrá tu espalda en tierno sonriente gesto silencioso cuando soples.. Alejé la idea y la vitrina en cortos pasos, como quien acaba de decir algo en sugestivos puntos suspensivos..

Quizás si se vendieran respuestas y porqués de fondo, no venderían tanto. Cigarros, velas, cielo y ciudad. El ciclo se cumplía sagradamente en cada esquina..

13 de junio de 2009

Anónimo de nombre y apellido

Cuando el reencuentro sea el punto de partida, ahí voy a estar.

No me voy a esforzar en contar algo que todos sepan. Voy a dar por sentado que todos sabemos cómo es despertarnos con ganas de caminar. Un natural ejercicio de moverse de un lugar a otro por sí mismo, dejando de lado las comodidades modernas. Como el cavernícola que salió de la caverna. Como el exiliado. Como el cartero. Como Juan. Como el hombre mismo, que no camina sólo para moverse, sino también, muy de vez en cuando, para alejarse de su cabeza, como sus pasos lo hacen de su lugar de origen. Te alejas, te hundes, te metes y vuelves a salir en un tunelcito de anonimato, nada tiene que ver contigo, con ella, ni con nadie. Los faroles se han encendido, y apagarán más tarde. Y así. Los locales de San Antonio empiezan a cerrar, y yo no sabía que hoy abrían. La basura se recoge en el costado de cada calle, y el vaho de las respiraciones se agitaban por el llegar a casa. Las micros se tragaban a la gente, y se las llevaban lejos. Los demás miraban por sobre el hombro cómo se alejaban, y se volvían a esperar. Sólo cierta calma al andar te permite ver cómo los demás tropiezan y codean. Y la verdad es que me entretiene. Sólo cuando no soy uno de ellos. Al mantener la distancia, juego a esquivar, o a adivinar. O a veces cuando estoy indeciso, hago votación. Y siempre gano. Ahí la señora con el niño, lo tira con violencia del brazo, va practicamente volando por la calle. El niño mira a su madre, con miedo, con amor; es la única que tiene. El vendedor con los ojos perdidos cuenta las monedas dentro de su bolsillo izquierdo, y sujentando la caja con la otra mano, calculando si habrá fin de mes. Las parejas en frío calor buscan secretos de oído a oído, postergando el amor, 'espera a que lleguemos', se prometen. Una mujer sale de un local más adelante, y avanza por este lado de la vereda. Viene con el pelo mojado y peinado. Sólo mira el piso, no quiere toparse con nadie que la conozca. Yo tampoco te conozco. El local era un café.

Apuraba el paso. ('Yo tampoco te conozco')

'..espérame ahí, que yo.. te quiero,.. dónde los compro? Ya salí.. tarde, no la conozco, te lo juro.. vamos a tener que.. ese me tiene chata, no lo.. creo que tengo algo que decir.. hablamos más tarde.. el fin de semana..cómo??.. No tengo señal acá.. lo terminamos mañana, pues!, no, de todas maneras.. de aquí treinta días hábiles a más tardar.. sin falta...mañana... ' Y la conversación, aunque entre cortada, prometía, y seguía. En vista (?) de lo escuchado, convencido estaba que bien no estábamos, y que claro no hablábamos, y que decíamos lo que no pensábamos, y que el orden de las palabras en la oración invertíamos. Pero me entretenía, ya lo dije? Sólo cuando no fuera uno de ellos.

Santa Rosa con Alameda. A la vuelta de la esquina parecen más apurados, más tristes, más grices, más todo. Y yo los creo más íntimos a medida que pasan; él dice: mañana pediré aumento, ella piensa: van 4 días de atraso, me ignora. Otro gruñe: 'montón de payasos..'. Pasan rápido, más serios, más muertos, y yo los adivino al vuelo. Yo sé que sonrío, no porque me vea, sino porque quien me ve se molesta, o me sonríe de vuelta. Yo sé que voy lento, la gente me pasa, me empuja porque quieren ir primero, llegar primero, cruzar primero, salir primero, subirse primero, sentarse primero, empujar primero. Pero yo no, oye, yo no compito. Yo, por lo mismo, no pierdo. Por ese minuto, me siento más, como aquel que no se involucra, y va paralelo. Los segundos sin cáscara no me traban, no son excusa. Inhalo lo 'viviré'. Comprehendo lo despedazado.

Sra. Perfume-a-mall tiene problemas en el trabajo. Don Calvicie se cansa más rápido, pero quiere ver un nieto suyo. Srta. Ojitos-claros me distrajo, y lo sabe. Sr. Corbata-a-rayas piensa cuánto hay que humillarse para ser parte de algo. Sr. Cobranza no piensa en otra cosa que no sea en teatro. Doña 'Quiero-que-me-roben-el-celular' insiste que no piensa pagarle ni un peso a nadie. Sr. Dientes-picados piensa que miro mucho. Srta. Ejecutiva no tiene tiempo para huevás, sólo quiere que la tomen más en cuenta, o a veces, que sólo la tomen. Sr. Gay se pregunta si el Sr. del anuncio también lo será. Y Srta. Bonitos-Rasgos piensa que aquí Sr. Analítico piensa mucho, y de seguir así se tropezará con algo, por no caminar como se debe. Y yo diría que hasta le hallé la razón. Pero crucé al otro semáforo, y nos perdimos de vista.

Dónde andabai? - Salí a dar una vuelta.

Cuando el reencuentro sea el punto de partida, ahí voy a estar.

18 de mayo de 2009

sin asunto

Hoy me costó más levantarme. Me sentí exactamente como me siento ahora, cuando empiezas a decir algo no estando muy seguro de cómo lo vas a terminar. Quizás sea porque todo lo que escribo es ficción, todo en mi vida es ficticio, y la vuelta a lo real sea dolorosamente imposible. Casi tanto como levantarse.

31 de marzo de 2009

Mojado y perdido

Escápate dos días después,
y la última lluvia de agosto
te hubiese dejado oler
el camino vuelta a casa.

23 de marzo de 2009

Instrucciones


Y si todo sale bien;
en el metro
metro y medio
medio día
medio vagón
y medio riendo.

Puntual,
ah?

21 de enero de 2009

Palpitar de luz

La poca luz contará mis pasos, y sumaré de tr3s en tr3s, con pequeñas pausas, antes de explotar. Sigiloso, mordiendo el agrio nudo, apretándolo para no gritar. Apurado, esperando el filo, sangrando para no morir.

'No seas cómplice', y en violentas y delicadas pinceladas, vió palpitar lo último de su luz.
'No seas cómplice', susurrando, tatareando, mis manos sobre tus ojos.

8 de enero de 2009

Desayuno

Ah?

"Voy llegando, espérame para que desayunemos :) te amo". Estaba cansado y hubiese preferido seguir durmiendo. Tenía los ojos aguados, y la garganta a medio llorar. Un vaso con agua, pastillas, sus llaves, y su máquina contestadora sin recados ahí en su velador. Sujetó fuerte el celular, leyó de nuevo ese mensaje, y lo dejó caer a un lado de su cama. Ahí acostado sintió una leve y sana envidia, aunque era atroz reconocer no recordar cómo era ser esperado para desayunar. Número equivocado.


Ah?

12 de agosto de 2008

Palma y dorso

Conozco tanto sus pies que conozco sus huellas
tanto su presencia que su ausencia
conozco tanto la palma de su mano
que conozco la fuerza de su dorso

Conozco su trabajo y su esfuerzo
sus frutos y sus lamentos
su frialdad
y la lentitud de sus movimientos

Conozco sus furias, y sus ritmos
sus migas en la cama,
y sus buenos pero pocos amigos.
.
Sé de sus creencias y de sus juicios
de sus gestos, pero lo peor es saber,
que algún día los voy a heredar.

4 de agosto de 2008

"Eso no pasa"

Esa mañana desperté en el parque. Me levanté, y me senté en el pasto. A mi lado había un perro que en silencio me esperaba. Me dijo: "wuff, wuff.. esclavización mundial.. wuff.. minoría dominadora.. wuff..".

Caminando de vuelta, pensé: "Qué extraño. Eso no pasa".

[Zeitgeist (subtítulos en español)] 01:56:00
http://video.google.com/videoplay?docid=8883910961351786332 !

[The Story of Stuff] - 00:21:19
http://video.google.com/videoplay?docid=-9153550196656656736 !

[ENDGAME- ALEX JONES - Blueprint for Global Enslavement] - 02:19:29
http://video.google.com/videoplay?docid=1070329053600562261 !

7 de abril de 2008

Living-comedor



La puerta estuvo intacta todo ese día. El pequeño sentado a un costado del sofá estuvo ahí para comprobarlo. Sus atentos ojos escrutaron cada detalle. Las frías y rectas marcas sobre la puerta, la brillante dorada manilla que contrastaba con los ya muertos colores del resto de la habitación, como el mantel burdeo escocés, y esas sillas de madera bordeando la mesa del comedor. Las cortinas mantenían a raya un sol inexistente allá afuera. Una escena sin ánimo, sin tiempo. Había un carro de juguete de vivos colores sobre la alfombra, que volcado sobre el piso, parecía mantener la precisa impresión del momento exacto en el cual el niño se aburrió de él. Suspendidos, y ocupados en silenciosas y distintas - quizás, hasta mentales - labores, parecían esperar que el otro se moviera súbitamente para continuar el juego. Pero por cada segundo que pasaba, se hacía más presente la idea en ambos que el juego seguiría detenido. Se había truncado la dicha. El coche de juguete decidió que lo mejor sería quedarse ahí botado ya que no se sentía cómodo causando algún tipo de molestia al pequeño. Por otra parte, al niño no le quedó otra opción que quedarse ahí. No porque por alguna serie de razones concluyó así, menos por mero gusto. Se quedó ahí, más que nada, porque no conocía de opciones. Fijó sus ojos sobre la puerta de entrada, y se limitó a ella. Algo había en ella que merecía una irracional atención. La mirada osciló en el no-moverse de la puerta, y si hacia algún lado la puerta pensaba ir, él estaría ya mirando. Por mientras, ese nunca antes visto brillo de la manilla le ofrecía una silenciosa entretención. Se mantuvo así el cuadro, sin tiempo, extirpado de emoción. Como un segundo congelado en el cual te abstienes antes de sonreir o echar a llorar. Veinte segundos de eternidad que parecen planos y todo se torna autosuficiente. El juguete a medio jugar, la inquietante puerta, el pequeño ligeramente apoyado hacia el sofá. Le llaman felicidad. La ternura innegable de una solitaria niñez. Ternura que, ahora, se veía interrumpida por el incipiente sonido de la llave que intenta abrir por el otro lado. Al abrir la puerta, ve la casa relativamente ordenada, salvo por el infante que se arrastró, y con él, un montón de juguetes, por el pasillo hasta el living donde estaba el sofá recién comprado. Zapateó fuerte, en cierta parte para hacerse saber, y por otra, netamente práctica, para evitar caminar con sus zapatos húmedos por la tibia alfombra de la casa. Al dar el primer pie dentro de la casa, se sacudió del hombro las gotas restantes sobre el abrigo. En cortos y rutinarios actos, colgó su sombrero en el perchero. Con su abrigo ahora colgando del brazo, avanzó hasta tener al niño hasta sus pies, se agachó, y lo besó cálidamente en la frente. El niño, inexpresivo, no lo dejó de mirar desde que cruzó la puerta. Intuyó fuertemente la necesidad de nuevos pañales, eso explicaba la sorprendente quietud de éste, pensó. Al ponerse lentamente de pie, no vió necesidad de recorrer el resto de la casa. Si había o no alguien ya era de poca importancia, puesto que no tenía ganas de entablar conversación con nadie, y la compañía de cualquier persona no era urgencia. Sin más, se sentó en el sofá dejando al niño jugar afanadamente con sus zapatos. El niño parecía lentamente hacerse invisible, y a pesar de que emitía algunos sonidos aparentemente hacia él, ya no lo distraía. Su mirada fija, quizás retrocediendo sobre específicos pasajes del día de hoy, parecía perder movimiento. Bastó sólo algunos minutos para que este hombre de corbata se mimetizara con el entorno. Se soltó el nudo de la corbata. Siguió sentado. Y volvió a ajustárselo. Y sólo para hacer algo distinto, porque sabía que, luego de soltarse la corbata, lo que próximamente haría sería ser sacarse los zapatos, saludar a esta persona que aparecería de una habitación contigua, y aún más cierto estaba, que sería precisamente en ese orden. Y, sabía que luego de ésto, esperaría lo suficiente en ese sofá hasta que se sintiese cansado, y decidiera que llegaba la hora para dormir nuevamente. Sabía también que el hecho de mantener la corbata puesta no alteraría el orden de estos sucesos. Sabía que mañana le esperaba un día así, un día parecido, y no había que odiara más que un día normal. Sabía, ciertamente, de la pequeñez de sus actos. Sabía lo poco que movían su propio mundo. Sabía lo sujeto que estaba. De pronto, el pequeño interrumpe sus pensamientos golpéandolo en su rodilla izquierda. El hombre lo mira, pero aún con ojos inexpresivos y cansados. Sabía que sabía más de lo que quería. Sabía, incluso, la exactitud de su pequeñez. Echó una mirada al perchero para ver su sombrero, y que realmente no tenía gotas de auténtica agua, sino polvo y arena. Luego, la ventana. La incongruencia del clima que se veía por la ventana y el que estaba afuera de la puerta. Y sabía que, de hecho, no había cosa tal llamada clima. Sí, también el abrigo que llevaba comenzó a perder su forma, y a verse como realmente lo que era; un montón de mentiras que lo mantenía tibio. Y así lo mismo con todo su entorno, todo lo que se veía común y corriente comenzó brutalmente a transformarse en algo mucho más burdo y escalofriante. Una realidad compuesta por palabras. Sabía, lamentablemente, que todo lo que el vió alguna vez siempre fue un montón de letras puestas juntas, en un bonito orden. Siempre le gustó el B-o-s-q-u-e. Antes del fin, se aferró a esa innegable noción de felicidad, que como aquel niño, también alguna vez palpó. No todo podría ser así de incierto, ¿o sí? Pero sí, le fue concedido, y fue feliz tres exactos segundos antes de desaparecer. Finalmente, sabía que todo lo que era base en su mundo estaba destinado a desmoldarse, perder color y perecer, y fue precisamente lo que vió en ese último agónico segundo. Sabía que un living-comedor debía, al final, astillarse en mil pedazos, deshilvanando esa realidad en las letras de un trágico seudo-llamado escritor, cuya existencia era relativamente igual de trágica, y que como dueño de esta realidad escrita, decidía darle fin. Sabía que, en el completo vacío, lo último en desaparecer sería su conciencia, que en el fondo era la base de todo lo que pasaba por su mente, y que, misteriosamente, le daba sustento a su existencia. Existencia que terminaba con un punto final.